Toallitas, amigos o enemigos?

Los utilizamos para limpiar, eliminar el maquillaje, evitar clasificar la ropa o limpiar las nalgas de nuestros nietos … Las toallitas están en todas partes. ¿Pero merecen tantos honores?

El 40% de los hogares franceses usan una quincena cada semana (¡233 por segundo!). Una cifra que nos convierte en los primeros consumidores europeos de estas telas listas para usar. El problema? Cada año, producimos 23 kilogramos de residuos adicionales no reciclables por persona. Y los principios que contienen no son triviales para el planeta y nuestra salud.

Papelera llena, billetera vacía
Todos están equivocados. Pueden estar compuestos de celulosa o viscosa, las toallitas (cosméticos o detergentes) tardan 30 años en degradarse en un vertedero. Sin mencionar que el proceso que permite fabricarlos contamina mucho. El marketing insiste en que no consumen agua. Es verdad. Pero para mantenerse mojados, están llenos de petroquímicos tóxicos. Otra razón para prohibirlos en nuestra lista de compras: su precio. Los estudios realizados por Ademe han demostrado que cuestan quince veces más que un paño reutilizable impregnado con detergente o un algodón empapado en removedor de maquillaje.

Guarda esa piel
Pero esta no es su única imperfección. Según WWF, las toallitas de limpieza presentan riesgos para la salud: más concentradas en la limpieza de sustancias, también son más agresivas para nuestro sistema respiratorio y aumentan la resistencia de las bacterias que pueblan nuestro interior. La ONG también recomienda usarlos con guantes, incluso si uno no está sujeto a eczema. Además, las toallitas íntimas son criticadas por causar, a veces, micosis y cistitis. En cuanto a las toallitas cosméticas, depositan en la piel una gran cantidad de moléculas que no se enjuagan, promoviendo así la aparición de alergias, incluso cuando se etiquetan como "pieles sensibles". Prohibir a toda costa: los de bebés. Un estudio realizado por 60 millones de consumidores reveló la presencia, en la mayoría de ellos, de propilparabeno y fenoxietanol, dos sustancias que pueden alterar el sistema endocrino de nuestros querubines.

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