¡Es el cerebro el que decide nuestro peso!

Las dietas son inútiles, no es una primicia. La neurobióloga estadounidense Sandra Aamodt va más allá en un libro titulado "Por qué las dietas te hacen engordar" (aún no traducido al francés). Después de pasar un año sin hacer dieta y participar en la actividad física diaria, descubrió que su peso se mantuvo estable. Esta inutilidad de la privación organizada de alimentos la empujó a buscar, en la literatura científica, en el lado del cerebro.

Es él quien determina nuestro peso ideal, nos guste o no. Básicamente, el cerebro establece un rango de peso de alrededor de 5 kilogramos. Más precisamente, el hipotálamo. Es esta pequeña glándula la que analiza la información nutricional (reservas de lípidos, azúcar en la sangre, energía consumida por el cuerpo, etc.) y da las respuestas apropiadas activando, o no, la sensación de hambre.

Los atletas son más bien en la parte inferior de la horquilla y perezoso más bien en la parte superior. El riesgo, en caso de aumento de peso, es que el cerebro, enfrentado a un hecho consumado, no considere que este sobrepeso se haya convertido en la referencia. Para el conductor del órgano: "no hay peso de referencia, solo un peso estable para defender". De ahí la importancia de no conformarse con el sobrepeso y la inutilidad de los regímenes, condenados al fracaso.

Peor aún, los estudios que el autor ha revelado muestran que, estadísticamente, las personas que hacen dieta en cadena tienen más probabilidades de volverse obesas un día que otras. Una solución, piensa ella: hacer un poco de ejercicio todos los días, y, más difícil, comer solo lo que es necesario parar cuando la sensación de saciedad llega: "Al principio se necesita una gran cantidad de 'atención y esfuerzo porque vivimos en una sociedad de hipersollicitación alimentaria y luego tomamos el hábito y las cosas se hacen de forma natural.


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