Siempre es mi marido quien conduce

Domingo mediodía, invitación a almorzar con nuestros viejos amigos Joëlle y Alain. Bien vestidos, nos dirigimos al auto cuando, de repente, nuestra mitad corta la carretera y se instala conduciendo. "Puedo conducir, si quieres …", sugerimos, para no empañar el hermoso día que tenemos por delante. "No, no, estoy bien", sisea entre dientes, girando la llave de encendido. Muy bien, excepto que no es la primera vez que muestra esta obstinación para seguir siendo el amo de NUESTRO vehículo. Una actitud en el camino para ser francamente inquietante. Antes de enojarnos, hacemos un pequeño recorrido por la situación.

¿Qué esconde su conducta?
Que se diga, nada nos obliga a ver en este comportamiento obtuso un ataque personal. Especialmente si nos dejaba volar antes, lo cual le encantaba disfrutar del paisaje, los campos que desfilan y el delicioso paseo mental que induce el asiento del pasajero. Tal vez en el momento de la jubilación, nuestra querida necesita probarse a sí mismo que él es siempre el mismo, y que el final de su vida laboral no afectó sus reflejos o sus facultades … En resumen, él puede tener una cuenta para resolver con … él mismo. Sin caricatura, sabemos que algunos hombres tienen una relación cercana con su vehículo. En este caso, es inútil montar en nuestros grandes caballos. Es suficiente para ofrecerle un viaje, y para ponerlo en el camino que al ser relegado al papel de copiloto, terminaremos desarrollando un sentimiento de dependencia desagradable e hiriente. Él debería ser capaz de entender eso.

¿Y si permanece pegado a la palanca de cambios?
Contra todo pronóstico (y para su consternación), no quiere escuchar nada y sostiene que el automóvil está bajo su jurisdicción. Así que encontramos una manera de hablar con él con calma: a nosotros también, nos gusta conducir y, sobre todo, tenemos que saber que nos seguirá en el fin del mundo con los ojos cerrados. Además, no nos transformamos en algo asustado, tenso en el tablero, tan pronto como pasa el segundo, ¿no es así? Y nuestra confianza es buena para él, ¿verdad? Scoop: lo recíproco es verdad, y nos gustaría que él nos corresponda, con, si es posible, una clase magistral. Y si lo ha olvidado, repetimos: manejamos = seguridad en el turn. ¡Mientras él nos da las llaves! Si se rebela, permanece intratable: el principio de equidad también se aplica al automóvil. Si le conviene, alternamos: un día nosotros, un día él. Uno puede incluso comenzar, si lo prefiere, por rutas cortas. Hasta que se relaje. ¡La confianza, conducir o no, sigue siendo un pilar esencial de la pareja!

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